lunes, 7 de febrero de 2011

Tipografías: Legalidad e ilegalidad

Hace un tiempo un cliente me solicitó un trabajo, un diseño de logo e identidad corporativa para ser más preciso, y a medida que pasaron las reuniones con los bocetos y las consecuentes correcciones surgió un pequeño inconveniente. El cliente en cuestión había visto en un sitio de internet una fuente que le había gustado mucho y que le parecía pertinente para su empresa. El tema era que la misma era comercial, es decir, para poder utilizarla había que adquirir una licencia.
Después de algunas charlas tratando de explicar qué significaba eso, me di cuenta lo poco que conocemos sobre la forma correcta de utilizar tipografías; incluso tratando el tema con algunos colegas me llamó la atención el grado de desinformación que hay al respecto. Revolviendo un poco la red encontré información interesante que me ayudó con algunas dudas, y que comparto ahora para quien la necesite.

La tipografía es software
Este es quizás el principal punto oscuro del tema. Diseñar una tipografía (al menos una decente) es un trabajo arduo que lleva a cabo un diseñador o tipógrafo, o grupo de ellos, y que lleva varios meses, e incluso años. Obviamente el citado realizador tiene el derecho de cobrar por su diseño a todo aquel que quiera hacer uso del mismo, teniendo en cuenta además que se encuentra protegido por las mismas leyes de propiedad intelectual que protegen al software.
De esto se desprende que para utilizar una tipografía es necesario adquirir una licencia de uso. Esto no quiere decir que quien la adquiera sea dueño de la fuente, sino que se le permite utilizarla todas las veces que crea necesario, siempre y cuando se mantenga dentro las condiciones especificadas en el EULA (End User License Agreement, o Contrato de Licencia para el Usuario Final), que por lo general determinan que la fuente no se puede vender, alquilar, regalar, modificar (al menos sin previa autorización), etc. Incluso existen licencias específicas para una o varias máquinas (generalmente la licencia mínima incluye permiso para su utilización en hasta 5 computadoras) y para su instalación en locaciones geográficamente distintas.
Por ejemplo, y volviendo a mi situación en particular, yo podría adquirir legalmente la fuente solicitada y utilizarla en el diseño que me encomendaron sin ningún problema. Pero el cliente no podría utilizarla institucionalmente, es decir, en la documentación que habitualmente maneja la empresa: memos, cartas, etc. Y los trabajos entregados no podrían tener la fuente “editable”, de modo que no se podría hacer ningún tipo de modificación. La solución para el caso comentado fue que la tipografía la adquirió el cliente, yo realicé el trabajo sin problemas, y después pudo utilizarla diariamente en su empresa. Obviamente, de esta manera,  la situación se invirtió: el que no pudo volver a utilizar la tipografía fui yo; la tuve instalada mientras duró el proyecto y después la eliminé, lo que no me representó ningún problema.

Dudando en la web
A partir de la implementación del comando CSS @fontface en los navegadores, surgió una oportunidad que antes solo brindaba el Flash: escaparse de las tipografías convencionales. Los diseñadores teníamos la oportunidad de personalizar más aún nuestros trabajos a través de fuentes que nunca antes habían podido implementarse directamente desde el HTML. Pero no todo lo que brilla es oro.
Sucede que la forma en que trabaja el citado comando obliga a alojar la fuente en el servidor, de forma tal que sea accesible cuando se la solicita, lo que por consiguiente permite que cualquiera consiga esos archivos hurgando un poco por las carpetas del sitio. Esto es lo que genera desconfianza en los desarrolladores de tipografías: un estudio de diseño puede adquirir las fuentes legalmente, pero al realizar un trabajo de diseño on-line estarían potencialmente al alcance de cualquiera. He leído por ahí que existen métodos de protección, pero nada realmente efectivo.
Por esta razón es fundamental, a la hora de adquirir una licencia, cerciorarse de que la misma permite la utilización de las fuentes en un sitio web a través del comando @fontface.

La opción gratuita
La oferta de tipografías de uso libre, personal y comercial ha ido creciendo, tanto en cantidad como en calidad, en los últimos años. Si bien son pocas las que alcanzan el refinamiento gráfico y la fluidez de las mejores tipografías propietarias, sigue siendo una fuente interesante de opciones para los diseñadores. Sitios como Dafont, o, mi favorito, Font Squirrel, ofrecen una nada despreciable variedad de fuentes gratuitas, como también paquetes armados listos para utilizar con @fontface.
Tampoco hay que olvidar aquí las licencias: que un desarrollador nos permita utilizar libremente su fuente no significa que sea nuestra, ni que podamos venderla o modificarla. Muy por el contrario. Cada archivo suele adjuntar la documentación relativa a la licencia y es de obligada lectura para quien pretenda utilizar las tipos. Las normas de resguardo de la propiedad intelectual siguen tan vigentes como en los otros casos, y respetarlas es una práctica que nos debemos como profesionales.

M.

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